Con conceptos como la sostenibilidad y la circularidad instalados ya en el día a día del sector de la construcción, se hace imprescindible apoyar los discursos con evidencias cuantificables y auditadas. De ahí la creciente adopción de certificados de sostenibilidad en construcción, que evalúan de manera independiente el impacto ambiental de los proyectos y los edificios, tanto durante su ejecución como en todo su ciclo de vida.
El uso de materiales es una de las cuestiones clave en certificados de construcción sostenible como BREEAM, VERDE o LEED. Si hay un material capaz de transformar un proyecto en términos de circularidad “medible” y, además, con alta eficiencia económica y una sencilla aplicación técnica, son los áridos reciclados procedentes de residuos de construcción y demolición (RCD).
No por romanticismo ambiental, sino por una razón de peso: los áridos son el gran elefante en la sala de los proyectos de construcción, uno de los materiales de mayor volumen en cualquier obra por su uso en capas de firmes, bases y subbases, drenajes, rellenos…
Con los responsables de proyectos buscando evidencias cuantificables de circularidad y reducción de impacto, el uso de áridos reciclados de alta calidad puede suponer una importante palanca técnica para avanzar en el cumplimiento de los certificados de construcción sostenible. En este artículo explicamos cómo.
BREEAM: un punto específico para el árido reciclado
BREEAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Method) es el método líder mundial de evaluación y certificación de la sostenibilidad en la edificación, creado en el Reino Unido en 1990. BREEAM es el esquema en el que el árido reciclado se reconoce de forma más directa: como un punto específico, dentro de los ocho posibles en la categoría de Residuos.
En el esquema BREEAM ES Vivienda, así como en el BREEAM ES Nueva construcción —aplicable a edificios no residenciales—, el requisito RSD 2: Áridos reciclados establece un criterio claro: alcanzar al menos el 25% de los usos de áridos de alta calidad del proyecto con áridos reciclados o secundarios, medidos por peso o por volumen. Si se cumple, se obtiene el punto. Y si la estrategia se lleva más lejos, existe un escalón adicional: el nivel ejemplar aparece cuando el porcentaje de áridos reciclados o secundarios supera el 50%.
El esquema incorpora unos criterios claros de origen para que el uso de áridos reciclados procedentes de RCD sea realmente sostenible: reutilización en el propio emplazamiento o suministro desde plantas de RCD a menos de 30 kilómetros, reduciendo las emisiones asociadas al transporte.
Una consideración importante es que los usos deben ser “de alta calidad”, sustituyendo a áridos procedentes de canteras y graveras. Por ejemplo, en los usos no ligados:
- Calzadas con base de asfalto o similares.
- Rellenos y sellados granulados.
- Lechos de apoyo para tuberías.
- Subbases/cimientos.
- Paisajismo con grava.

El objetivo de BREEAM ES al premiar el uso de estos materiales es “reconocer e incentivar el uso de áridos reciclados y secundarios para, de esta forma, reducir la demanda de materiales vírgenes y optimizar la eficiencia de los materiales en la construcción.”
VERDE: la importancia de la masa
VERDE Edificios 2030, el sistema de certificación ambiental para edificios del Green Building Council España, introduce una variable que suele ser determinante en sostenibilidad: la masa.
Una de las ocho áreas de análisis en VERDE Edificios 2030 es el Ciclo de los materiales, y dentro de ese área, uno de los criterios a cumplir es el uso de materiales reciclados. VERDE valora el contenido reciclado del proyecto mediante dos indicadores, con reparto equitativo, y uno de ellos se centra precisamente en los elementos cerámicos, áridos, pétreos y hormigones.
Para cumplir este indicador, el porcentaje de contenido reciclado de estos materiales debe oscilar entre el 40 y el 100%: en ese cálculo, los reciclados postconsumo (como los áridos reciclados procedentes de RCD) contabilizan al 100%, mientras que los reciclados preconsumo (material rescatado del flujo de residuos durante un proceso de fabricación) se ponderan al 50%.
Según puntualiza la Guía de Evaluación, los hormigones estructurales, según la definición del Código Estructural, quedan fuera del cálculo de este requisito al estar regulados los contenidos en reciclado.
Como el sistema de certificación puntúa por masa, un material con aplicaciones que suponen un gran volumen dentro de la obra (capas granulares, rellenos, subbases, encachados, drenajes, etc.) puede modificar el porcentaje global de manera decisiva. Por eso, el árido reciclado puede convertirse en protagonista.
El mensaje para quien busque certificar su proyecto es claro: en VERDE, el uso de áridos reciclados no es una opción, es una de las vías más eficientes para cumplir los objetivos cuantitativos de circularidad.

LEED: el foco en la descarbonización
LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) es otro de los sistemas de certificación de construcción sostenible más reconocidos a nivel global, desarrollado por el U.S. Green Building Council (USGBC). En 2025 ha entrado en vigor una nueva versión de este marco de certificación, la LEED v5, en la que se hace mayor hincapié en una rápida descarbonización de los edificios, abarcando todo su ciclo de vida: desde el uso de materiales bajos en carbono, a la electrificación y la eficiencia energética.
La incorporación de áridos reciclados al proyecto de construcción puede jugar un papel clave a la hora de demostrar su contribución a la descarbonización: especialmente si los áridos reciclados son de proximidad, y si cuentan con una Declaración Ambiental de Producto que certifique sus menores emisiones respecto a los áridos vírgenes.
Una partida fundamental, invisible en la conversación de sostenibilidad
Los áridos reciclados conectan con una parte del proyecto de construcción que a menudo está ausente en la conversación sobre sostenibilidad: las capas “invisibles” (subbases, rellenos, firmes, drenajes). Son invisibles para el usuario final, pero decisivas para el balance material del edificio y, por tanto, para demostrar su contribución a la circularidad y la sostenibilidad.
En la mayoría de proyectos de construcción, los áridos reciclados pueden sustituir al 100% a los áridos procedentes de canteras o graveras en la mayoría de esos usos “invisibles”, que representan partidas de gran volumen dentro de la obra.

El uso de áridos reciclados de alta calidad es una opción sostenible cada vez más extendida en el sector, con una normativa que respalda su uso en la Comunidad de Madrid —Decreto 110/2024, de 11 de diciembre— y criterios técnicos claros para su incorporación a las obras. Su uso, además, es eficiente económicamente y está directamente alineado con los criterios de certificación en sostenibilidad.
Para avanzar hacia una verdadera economía circular en la construcción necesitamos abandonar el terreno de lo genérico, y entrar en lo verificable. Por eso, los áridos reciclados tienen que jugar un papel fundamental dentro de la estrategia de materiales de cualquier proyecto.
¿Quieres incorporar áridos reciclados de alta calidad en tus proyectos de construcción? En TecRec te ayudamos a hacerlo posible.